FIESTAS Y ALGARABÍAS

Las familias tricantinas valoran, en general, la preocupación que desde el Ayuntamiento se tiene con los menores de la casa y la oferta de ocio que desde la autoridad municipal se propone. La adolescencia, además, es una etapa en la que la rebeldía y las ganas de buscar una personalidad propia y diferenciada hace que nuestros hijos se enfrenten con retos y problemas en los que necesitan de toda la ayuda familiar y externa posible.

En los últimos años el equipo de gobierno ha optado por vincular ocio adolescente con horario nocturno y alcohol, ofreciendo a los jóvenes de Tres Cantos macro fiestas con conciertos de grupos actuales (más de 40.000 € cada concierto), con autorización para la venta de alcohol y siempre en horarios nocturnos que terminan al alba.

Esto nos plantea varias cuestiones sobre las que creo que deberíamos reflexionar: nuestros hijos tienen una amplia y variada oferta de ocio ligada al alcohol, que va desde el botellón cutre de la esquina a las concentraciones más sofisticadas hechas por grupos organizados, en ellas jóvenes mayores les facilitan todo tipo de bebida a los menores, además el horario que las familias establecen a estos adolescentes normalmente supone una lucha, ya que quieren que sea igual al del final de la fiesta a la que acuden, generando tensiones familiares de todo tipo. Tienen además locales de ocio, donde es más difícil que un menor se cuele dentro, pero si deambular por el exterior.

Desgraciadamente asociamos fiesta y diversión con noche y alcohol, no quiero caer en el puritanismo ni en la prohibición, ni si quiera en la carga moral que supone tratar de evitar la imitación que hacen de lo que hacemos los adultos, peor parece que las administraciones públicas tenemos la obligación de llevar a cabo políticas que mejoren la convivencia y fomenten hábitos saludables, con ofertas de ocio para nuestros hijos que les ayuden a mejorar sus habilidades sociales y la convivencia con su grupo de pares, sin caer en la oferta facilona del concierto de grupos comerciales y el alcohol a mano para financiar las actividades.
Plantear alternativas de ocio saludable con objetivos educativos es una política que enriquece la vida familiar tricantina, mejora la convivencia y evita espectáculos bochornosos como la batalla campal y la agresión a un guardia civil que hemos vivido en la ciudad en las últimas semanas.
 
Juan Andrés Díaz Guerra

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