Personalidad obsesiva

La personalidad está configurada por diferentes maneras de comportarse y de sentir que son estables y propias de cada persona. Anteriormente he escrito sobre otros estilos de personalidad (personalidad histriónica, evitativa, límite…), hoy nos centraremos en la personalidad obsesiva.

 

La personalidad está configurada por diferentes maneras de comportarse y de sentir que son estables y propias de cada persona. Anteriormente he escrito sobre otros estilos de personalidad (personalidad histriónica, evitativa, límite…), hoy nos centraremos en la personalidad obsesiva.

Cabría especificar primero que una personalidad obsesiva no tiene por que tener que ver con el trastorno obsesivo-compulsivo. Tienen rasgos comunes pero también grandes diferencias.

En nuestra sociedad moderna la personalidad obsesiva es sin duda la más común de todas. La formación, los modelos paternos, la necesidad de garantizarse un futuro, la filosofía de las empresas… hacen que se premie especialmente a las personas con esta tendencia. Ser así implica constancia, capacidad para perseguir metas, no darse fácilmente por vencido, buena predisposición para aprender… Para conseguir ser de este modo es necesario potenciar la capacidad de control, adelantarse a las posibles consecuencias negativas de las cosas, ser exigente con uno mismo (y con los demás)… Esta es la parte buena de ser obsesivo, la mala puede provenir de no saber poner un límite a a la necesidad de controlar. Cuantas más cosas se quiere controlar más situaciones se nos pueden escapar potencialmente. Se puede querer hacer más, rendir más, recibir más reconocimiento, etcétera. Hablamos de simples rasgos o propiamente en un trastorno de personalidad obsesiva en función de la intensidad de las siguientes características:

– Perfeccionismo y minuciosidad.

– Tendencia a la dicotomía: las cosas son blancas o negras.

– Tendencia al pesimismo y la frustración.

– Responsabilidad, o hiperesponsabilidad

– Necesidad de control y anticipación.

– Exigencia o hiperexigencia con uno mismo y con los demás.

– Tendencia a buscar la aceptación y la buena valoración por los actos.

– Sentido exacerbado de la justicia.

Una dificultad frecuente para las personas con esta característica de personalidad es la de afrontar las incertidumbres cotidianas. El no ser capaces de convivir con la falta de control nos aumenta los niveles de ansiedad y nos vuelve más impacientes. Del mismo modo aumenta la probabilidad de desarrollar crisis de pánico, miedos específicos (espacios cerrados, angustia social…)

Una característica frecuente dentro de este estilo de personalidad es el pesimismo obsesivo. Consiste en un tipo de pesimismo que nace por la necesidad de saber qué puede salir mal, qué peligros pueden existir, qué hay que resolver ya para que no se complique después. Cuantas más amenazas se resuelven se produce mayor calma pero siempre queda la sensación de lo que no se consiguió o no salió suficientemente bien. Por ejemplo, “conseguí contar ante 100 personas un proyecto por el cual recibí muchas felicitaciones… pero no expliqué bien el beneficio que produce para la empresa, y eso hará que no sele dé la importancia que tiene mi propuesta”. Este pesimismo mantiene la alerta siempre activa, pero no deja que podamos disfrutar de lo que conseguimos. Siempre hay algo pendiente que parece que si se resuelve nos dará tranquilidad y disfrutaremos de todo. Por desgracia no suele ocurrir de este modo. La vida es una cadena de alternativas y de tareas que se secuencian de manera interminable. De hecho si deja de haberlas normalmente es un síntoma de malestar e incluso de depresión.

 

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