¿La parálisis facial está producida por razones psicológicas?

La causa de la parálisis facial no está clara. Se cree que en la mayor parte de los casos la origina el virus del herpes, el mismo que causa el herpes labial. Pero pueden producirse también por otras razones como: enfermedades sistémicas metabólicas como el la diabetes mellitus, hipertensión arterial sistémica y dislipidemia tipo hipercolesterolemia.

En la mayoría de los casos de parálisis facial, el nervio facial que controla los músculos de los lados de la cara está dañado por la inflamación.
Cuando hablamos de la parálisis facial o parálisis de Bell podemos observar con cierta frecuencia que se producen coincidiendo con episodios de ansiedad elevada, si bien no todo el que está nervioso tendrá este tipo de síntomas.
Parece que las parálisis de Bell se asocian con la ansiedad por medio del efecto que tiene la ansiedad sobre el sistema inmunológico. Fuertes reacciones de estrés pueden influir en el nivel  de glóbulos blancos disponibles para luchar contra infecciones o parásitos que normalmente se mantienen a raya cuando el organismo está equilibrado. En los casos en los que bajan las defensas es más probable acatarrarse, que aparezca un herpes, que proliferen hongos como la cándida… Quizás es más frecuente ver que los estudiantes tras una época de exámenes caen enfermos con fiebre, malestar general… En el caso de la parálisis facial hace falta una predisposición y un virus del herpes presente en el organismo de la persona para que se produzca.
Otra característica que a veces se ha esbozado, y que une la ansiedad y la parálisis facial, es la del aumento de la tensión en el músculo facial debida a la saturación muscular. parece que puede influir a la hora de que el músculo necesite un tiempo de descanso para repararse y volver a funcionar con normalidad. Esta explicación tendría que ver con la expresión popular: “le ha dado un aire”. Parece que estar expuesto a un viento directo en la cara podría llegar a asociarse también con la saturación de los músculos y su posterior incapacidad para activarse hasta no haberse relajado el tiempo suficiente.

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Fernando Azor

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