EL SANCIONADOR

Tres Cantos es una ciudad construida con el esfuerzo de muchos, cada problema que ha aparecido, durante su constitución como municipio, en la Ciudad ha tenido que ser superado con el esfuerzo de vecinos, asociaciones y grupos políticos unidos para afrontar los retos y darles solución. Todo esto ha hecho que exista una conciencia ciudadana y una demanda social bastante alta en comparación con otros municipios donde los problemas se solucionan desde las élites locales sin contar con la ciudadanía.

Uno de los problemas que se están encontrando muchos vecinos, sobre todo los emprendedores de la ciudad, es la cantidad de sanciones que el Ayuntamiento impone, siguiendo las ordenanzas municipales y los procedimientos burocráticos copiados, en la mayoría de los casos, de otros municipios y que, sin embargo, no responden a la problemática real de nuestro municipio. Por activa y por pasiva le hemos pedido al responsable de imponer las sanciones en Tres Cantos, que modifique las normas, que cambie los procedimientos y que asuma un criterio ciudadano a la hora de establecer cuantías, condiciones y pedir aclaraciones y comparecencias a los sancionados. En muchas ocasiones al escuchar el relato de los hechos por parte de los sancionados se aclaran cuestiones que sobre el papel parecen graves y que son sólo malos entendidos, fácilmente solucionables con buena voluntad y dejando claro el espíritu de la norma y no su torticera aplicación.

Para llevar a cabo esta labor favorable a los ciudadanos, emprendedores y la convivencia vecinal en general, hace falta voluntad política, trabajo y modificar aquellas normas que lo impiden. Parece que el sancionador no tiene ninguna de las tres. Por eso, habrá que seguir trabajando y solicitar de otros responsables que asuman qué con ese proceder, con esos modos y maneras no se puede continuar.

Las sanciones deben servir para modificar conductas cuando todos los demás mecanismos a disposición de la administración fallen y, aun así, hay que seguir intentando convencer a vecinos y foráneos que la convivencia no es cuestión de sancionar sino de trabajar, cada día, para llevar a cabo nuestras actividades sin molestar a los demás.

Juan Andrés Díaz Guerra

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