La empatía: una respuesta adaptativa

La empatía es un cualidad y también una capacidad que las personas desarrollamos y nos permite saber cómo se sienten otros. La empatía nos permite saber relacionarnos en un entorno social y adaptarnos a las expectativas que otros tienen sobre nosotros. Gracias a ella podemos sentirnos nerviosos o alegres al conseguir o no que otros se sientan bien. En función de los grados de empatía que cada uno desarrolle, se necesita más o menos información por parte de los demás para saber cómo se sienten. En los casos en los que la empatía se convierte en un problema, la persona puede constantemente intentar saber cómo se sienten otros y cómo le están valorando. Puede llegar el caso en el que estar bien o mal este solo en función de poder responder, ayudar o paliar las necesidades de los demás.

Decía en el título de este artículo que la empatía es una respuesta adaptativa. ¿Qué significa esto? Cuando somos capaces de intuir o saber cómo se siente otro, es más probable que dediquemos tiempo y esfuerzo para apoyarle, o estar con él. Para el que tiene una necesidad, que los demás empaticen con él, hace que tenga más probabilidades de resolverlas: “hoy por ti, y mañana por mi”. Al vivir en comunidades, en pueblos o ciudades, podemos trasmitir nuestra necesidad o nuestras carencias a otras personas, potenciando que otros puedan empatizar con nuestro malestar y facilitar alguna solución. Dependiendo de cada persona y de la recompensa individual que le produzca a cada uno el ayudar, el compartir, o ver el bienestar de otros, así será de probable que ayudemos a los demás. Supongo que si en un futuro somos capaces de crear robots autónomos, capaces de funcionar muchos años y de relacionarse con nosotros, darles esta capacidad hará que puedan ayudarse entre sí y alargar más su duración. Sería una buena opción desde el punto de vista de los ingenieros.

Cuando los psicólogos hablamos de la ansiedad también decimos que es adaptativa. Es así porque favorece el que sobrevivamos y encontremos soluciones a amenazas cotidianas gracias a las respuestas que da nuestro cuerpo ante ellas. Así pues la ansiedad y la empatía son necesarias para afrontar el día a día, pero aun así pueden generar serios problemas si están en exceso o por defecto. La falta de empatía precipita el egoísmo en la persona, llegando en su extremo a definir un trastorno como es el de la personalidad antisocial, antes llamado psicopatía. El exceso de empatía, por el contrario, suele asociarse a altos niveles de ansiedad social y la dificultad para negociar las necesidades que uno mismo tiene. Hace que las personas con esta característica sean adaptables y poco conflictivos, obteniendo gran bienestar al ayudar, pero como digo acumulando niveles de ansiedad y nerviosismo que pueden volverse insoportables para quien los sufre. Digamos que llega a confundirse entender al otro con justificarle. Cuanto mejor se entienden las razones de otros para actuar como lo hacen, más fácil es posponer las necesidades propias. La realidad es que no es lo mismo entender que justificar, pero en ocasiones la línea se hace muy fina para algunas personas.

La empatía favorece el altruismo. Podemos definir el altruismo como la capacidad de dar que tienen las personas, a cambio de la simple satisfacción de haber ayudado y de haber generado un bienestar en el otro.

Una forma de mal entender la empatía, o podríamos decir de mal utilizar la empatía, está relacionada con personas que manifiestan su necesidad desde el malestar, o desde expresiones indirectas de una necesidad: muestran su enfado o rabia quedándose callados, respondiendo con monosílabos, poniendo muecas, contando lo que duele una pierna para evitar decir “no quiero ir a dar un paseo”. Son intentos de que los demás empaticen con su necesidad y se hagan cargo de ella, sin haber dicho claramente cuál era, con el deseo interno de no generar conflictos y de no recibir reproches. Cuando estos comportamientos se tornan muy frecuentes pueden desembocar incluso en un trastorno de personalidad histriónica. Estos mecanismos producen buenos resultados en cuanto a que los demás suelen responder a sus necesidades, pero también suele producir gran desgaste y culpa en quienes tienen que estar constantemente resolviendo las necesidades de este tipo de personas.

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Fernando Azor - Psicología

Felipe Gallego

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