Problemas en el divorcio: el niño

Los hijos, tras el divorcio necesitan tener el permiso para amar y ser amados por ambos padres. Aunque cada niño reacciona al divorcio de los padres de una manera única, los psicólogos aconsejamos a los padres que detecten algunos signos de malestar emocional como son: cambios bruscos en la personalidad, cambios de actitud del niño activo hacia el retraimiento o hacia la agresividad, y en general cuando los niños muestran conductas regresivas dentro del proceso de evolución normal dentro de su desarrollo (hacerse pis, volver a chuparse el dedo, o volver a reclamar el peluche con el que dormía, entre otras conductas).

Problemas en el divorcio: el niño pequeño

Los niños menores de cinco años, por lo general son demasiado jóvenes para entender el contenido o el contexto de conflicto entre los padres. Los niños de esta edad son, sin embargo, extremadamente sensibles a la tensión de los padres y a los gritos. Cuando los niños pequeños escuchan a sus padres gritan y discuten, se puede crear un miedo que las personas que las mantienen a salvo, que los protegen, están fuera de control. Esto, a su vez, genera miedo, inseguridad e impotencia. A la vista de estas emociones, los niños pequeños responden por medio del llanto buscando la respuesta de los padres.

Problemas en el divorcio: el niño mayor de 5 años

Algunos niños experimentan efectos especialmente significativos ante el divorcio:

1. Se deprimen ante el impacto de la noticia
2. Aumentan los terrores nocturnos y las pesadillas con temas relacionados con los padres
3. Variaciones intensas en el apetito.
4. Reacciones emocionales como la ira intensa, ideas o amenazas de suicidio, crueldad con animales o aumento de las peleas con otros niños.

Cuando no se pueden resolver las disputas entre los progenitores, los niños a menudo comenzarán a experimentar dudas sobre sí mismos y a desarrollar desconfianza hacia los adultos. Los niños de siete a nueve años de edad tienden a involucrarse en conflictos entre los padres y a tomar partido por uno de los padres, o a tratar de mantener la alianza simultánea con cada padre. Los niños de esta edad a menudo experimentan fuertes sentimientos de tristeza, pérdida, rechazo y culpa en respuesta al divorcio de los padres. Su malestar emocional a menudo se exhibe a través de ansiedad, con dificultades para concentrarse, con quejas somáticas y mal humor. De nueve a doce años de edad son más capaces de entender el conflicto entre los padres, aunque normalmente de manera incompleta, aún tienden a hacer juicios sobre quién es responsable de los problemas de pareja, o quien tiene la culpa de los cambios que se han producido. Pueden aparecer sentimientos de vergüenza cuando sus amigos saben que sus padres se han divorciado. Este temor suele asociarse al miedo a perder amigos debido a los cambios de vida. Una manera de expresar su malestar es oponiéndose a las propuestas que van recibiendo, llegando con frecuencia a conductas desafiantes.

Para los adolescentes el divorcio interfiere en sus vidas especialmente es relación a la atención que reciben de cada uno de sus padres. Tienden también a hacer juicios tajantes sobre los comportamientos de sus progenitores y muestran una falta de respeto cuando un padre no cumple con su expectativa de lo que es correcto o incorrecto en comportamiento de éstos. En estas circunstancias, los adolescentes a veces se alejan de sus padres cuando los padres no cumplen sus expectativas.
Problemas en el divorcio: la ayuda psicológica.

Los niños de todas las edades tienen preguntas, preocupaciones, miedos y deseos que experimentan durante y después del proceso de divorcio. Al trabajar con estos niños, apoyamos su adaptación, y potenciamos un entorno seguro en el que puedan ser aceptados sus pensamientos y sentimientos íntimos, en particular los que pueden hacer sentir de forma incomoda a sus padres. Además, tratamos de normalizar su situación, ayudándoles a aceptar sus sentimientos y potenciando el que compartan su situación con otros niños con situaciones similares. También trabajamos con los padres para ayudar a estabilizar el entorno de sus hijos, diminuyendo los conflictos, favoreciendo el que se llegue a acuerdos en diferentes ámbitos de la educación y de la convivencia diaria, como son los momentos de cambio de custodia, eventos familiares como cumpleaños, etc. Finalmente, cuando se trabaja con los niños de familias divorciadas, nos esforzamos por transmitir una sensación de esperanza y optimismo de que sus vidas mejorarán a medida que su malestar sea menos doloroso, mientras se discute de manera realista los problemas que se pueden encontrar en el futuro.

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Fernando Azor - Psicología

Felipe Gallego

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