¿Por qué odio producir compasión en los demás?

“Odio que me compadezcan, odio producir compasión en los demás”. Estas son frases que a menudo escucho en mi consulta. Cuando nos ocurre algo impactante y negativo, y la gente de nuestro entorno se entera, puede generar en ellos sorpresa, vergüenza, temor…

Son emociones que surgen de la empatía. Se ponen en nuestro lugar y se hacen cargo de cómo debemos estar sintiéndonos. Normalmente la intención de estas personas es la de mostrarnos interés y comprensión, pero esto no siempre es bien recibido. Hay quien este acto de empatía lo recibe como un menosprecio, como una acusación de debilidad. Vive la compasión como una acusación de no haber sido capaz de evitar una situación, o una desgracia.

También en ocasiones puede sentirse el centro de la atención de más personas de las que resulta cómodo, generando sentimientos de incomodidad y deseo de no querer llamar esa atención. Otra razón para la incomodidad de quien recibe la compasión de los demás, es el temor de que otras personas piensen que es alguien victimista, que le gusta dar pena. De nuevo esto puede asociarse a debilidad o incapacidad para resolver sin ayuda su propia vida, y por tanto se desea evitar.

Lo normal es que sentir compasión sólo sea una manera de expresar aprecio hacia quien está mal, o en todo caso, una manera de caer en la cuenta de que esta vez le ha pasado a otra persona, pero quizás la próxima me pueda tocar a mi. Cuanto más queramos a la persona que le ha ocurrido algo, y más miedo tengamos a que nos ocurra a nosotros, más empatizaremos y por tanto será más probable sentir compasión. Interpretar que el que se compadezcan de uno es malo, es quedarse solo en la incomodidad. Es bueno salirse de esa visión y valorar en conjunto lo que ocurre. De este modo podremos valernos del apoyo que recibimos, y aprovecharlo para superar los diferentes problemas que nos encontremos en la vida. Esto nos aumentará la resiliencia y nos hará ser más realistas. Está bien querer valerse por uno mismo, pero recibir compasión, no significa que no lo estemos consiguiendo.

De hecho si recuerda las veces en las que usted se ha compadecido de alguien, probablemente no ha sentido una pena que le haya hecho sentir superior al otro. Lo normal es que haya identificado una situación negativa y que se haya visto impactado o afectado por ella. El simple hecho de hablarlo con la persona a la que le ha ocurrido produce sentimientos de alivio y cercanía, favoreciendo la posibilidad de sentirse bien paliando el malestar del otro. Si conseguimos ayudar nos sentimos bien, y en teoría, si el otro entiende de manera correcta la compasión, también podrá sentirse bien al recibir el apoyo y sentirse querido.

La empatía es diferente para cada persona. Está determinada por cuestiones aprendidas, pero también por cuestiones neurológicas. En concreto parece que las neuronas espejo explican bastante bien los fundamentos fisiológicos que están detrás de la empatía. Estas neuronas especializadas, permiten decodificar las expresiones faciales, gestos, tonos de voz… Activan las mismas zonas del cerebro que activan cuando lo sentimos nosotros mismos. El sistema de neuronas espejo juega un papel clave en nuestra capacidad para empatizar y socializarse, por lo tanto es una clave para entender porque nos compadecemos de otros sin que tenga que haber ningún problema en ello.
                                                                                                                                                                                                                                             Fernando Azor

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Fernando Azor - Psicología

Felipe Gallego

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