¿Qué puedo hacer si alguien con quien convivo huele mal todos los días?

El olor corporal consecuencia del sudor, del cuidado de la boca, o de la manera en la que la persona hace la digestiones de los alimentos, puede ser un punto de conflicto y fricción con quienes convivimos a diario.
Dirigirnos a alguien para decirle que huele mal es muy incómodo. Hace que el otro se pueda sentir rechazado, o por el contrario que se enfade y se defienda. Es una situación en la que puede haber tensión y con cierta probabilidad conflicto.
 
Quien muestra el malestar puede ser juzgado como puntillosos, exagerado… Esto con frecuencia hace que procrastinemos, es decir que pospongamos el momento para afrontarlo a la espera de que la otra persona se dé cuenta por sí sola del problema y finalmente resuelva la causa de su mal olor.
 
No todas las causas del mal olor son fáciles de resolver, y por tanto no todas están asociadas a la dejadez: el estreñimiento, el estrés, deficiencia de vitaminas, infecciones urinarias, diabetes, alteraciones tiroideas, alteraciones en la glándula suprarrenal, y por supuesto la falta de higiene o el mero acostumbramiento al propio olor. Cuando se repite en el tiempo el mismo mal olor, lo normal es que quien sí lo padece, el compañero por ejemplo, se vaya haciendo mala sangre, cargándose de razones para poder revertir la situación. Desde luego estar muy enfadado es una forma de exponer el malestar para que se pueda resolver, pero la realidad es que suele generar bastante tensión. Quizás podríamos valorar otras alternativas para exponer la situación.
 
Consejos para decir a alguien que huele mal
 
         Usar mensajes en primera persona. Presuponer que el otro tienen la intención de fastidiar, o cualquier otra razón para oler mal (por falta de higiene,  por dejadez,  porque no le importa la gente…) solo bloqueará la comunicación es mucho mejor usar frases como: ¿Desde hace unas semanas hueles a sudor. Quizás sea algo exagerado, pero me incomoda mucho. ¿Es posible que lo resuelvas?
 
            Afrontar la opinión negativa. Es posible que el otro se sienta molesto. No hace falta que sea algo muy insoportable para que nos podamos permitir expresar nuestro malestar. Dejemos que el otro lo asuma a su manera, y démosle un tiempo para digerir lo que se le ha dicho.
 
         Estar dispuesto a que el conflicto se produzca. Si el otro lo vive como un ataque, se defenderá por ello. Es el momento de afrontar el conflicto y utilizar técnicas asertivas que nos ayuden a centrar el mensaje y conducir nuestra incomodidad.
 
         No disculparse en exceso por el malestar que se haya podido causar. Si nos disculpamos en exceso se diluye el objetivo del mensaje y la persona puede centrarse más en la disculpa que en la petición que se le hace.
 
         Ofrecer opciones. Esta alternativa sólo es recomendable si la persona verbaliza que no sabe cómo evitarlo. Decir lo que tiene que hacer, normalmente se puede ver como una agresión muy directa.
 
         No usar frases despreciativas. El uso de onomatopeyas, gestos de desaprobación, y por supuesto desprecios directos favorecen el desahogo de quien se siente agredido, pero suele distorsionar el mensaje, haciendo que no se resuelva la causa del mal olor.
 
De todas las causas del mal olor, normalmente la que se tolera peor parte de quienes lo huelen, es el olor a sudor. La valoración que hacen es la de que pudiéndose evitar, la persona no se preocupa de cómo los demás se sienten a su lado.
 
Fernando Azor

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Fernando Azor - Psicología

Felipe Gallego

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