¿Por qué tendemos a repetir hábitos y rutinas? ¿Por qué nos cuesta cambiarlos?

Junto a la pregunta que formulo en el título habría que añadir, ¿por qué me producen calma las rutinas? ¿Son buenas? ¿Tienen efectos secundarios? ¿Qué beneficios tienen? ¿Por qué cuantos más años cumplimos mayor tendencia tenemos a crear procedimientos que se repiten para resolver nuestras necesidades? Intentemos responder a estas preguntas.


Se me ocurre que lo primero es hablar de cómo procesamos la información los seres humanos. Cuando nos enfrentamos a varias tareas a la vez, si queremos prestarles atención plena durante su ejecución, tendremos que realizar una detrás de otra. los informáticos dirían que las procesamos en serie, a diferencia de lo que hacen los ordenadores, que es procesar información en paralelo: varias tareas se ejecutan a la vez para aprovechar la capacidad de computación y ahorrar tiempo. La realidad es que en nuestra imperfección humana, sólo podemos procesar varias tareas al tiempo en el caso en el que automaticemos procesos, rutinas y procedimientos. Cuantas más veces realizamos algunas tareas, mayor es el grado de automatismo, haciendo que sea casi imperceptible la conciencia que tenemos de que estamos haciendo algunas cosas. Esto es muy llamativo cuando se observa a un conductor a los mandos de su vehículo, cuando practicamos un deporte desde pequeños, y en general en las habilidades motoras bien aprendidas.

Cuantas más veces realizamos algunas tareas, mayor es el grado de automatismo

Crear hábitos, repetir procedimientos por tanto, acorta los tiempos, nos hace más eficientes y nos permite destinar nuestro procesamiento consciente a otras tareas que consideramos importantes. Visto así es lógico que no queramos que se produzcan cambios en determinadas áreas de nuestra vida, ya que nos volvemos más torpes y tardamos más en conseguir lo que queremos. Es una de las razones por la que nos resistimos a hacer cambios.

“Más vale malo conocido… que PEOR por conocer”, esta modificación del refrán refleja algo que dificulta con frecuencia hacer cambios. De hecho es lo que está detrás del refrán original: “más vale malo conocido, que bueno por conocer”. Quizás no sea muy bueno lo que uno tiene, pero es al fin y al cabo conocido y por eso manejable en algún grado. Las rutinas tienen un gran peligro, dificultar la capacidad para cambiar. Si nos centramos mucho en la calma que nos produce lo predecible, podemos anclarnos en situaciones que no permitirán que avancemos. Circunstancias de vida como una separación, la muerte de un familiar, un cambio de trabajo, un despido, un cambio de lugar de trabajo, un cambio de domicilio, son todas frecuentes en la vida de muchas personas. Para adaptarnos a nuevas situaciones en primer lugar deberemos ser capaces de reconocer nuestro malestar, nuestros temores en relación a lo que esté por venir. Quizás al principio no resulte grato comparar lo que había con lo que hay, pero si nos centramos en que la situación ha cambiado, pronto generaremos nuevas rutinas que nos hagan predecible y controlable nuestro entorno.

Si quiere saber cómo cambiar hábitos y rutinas, no deje de visitar GabinetedePsicologia.com, en un artículo más extenso, con el mismo nombre, podrá saber más.


Fernando Azor

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Fernando Azor - Psicología

Felipe Gallego

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