Efectos emocionales ante la ruptura de pareja: “el dejador”

Ante la ruptura de pareja, al “dejador” le corresponde frecuentemente ser el blanco de las iras del dejado. En el caso de que esté firmemente convencido de su decisión, este papel será más llevadero, pero en el caso contrario la ruptura se convertirá en un proceso con más desgaste.


Cuando las relaciones son duraderas los vínculos tienden a ser fuertes. Existen muchos proyectos de futuro, metas cumplidas y vivencias compartidas. Vivir con la misma persona mucho tiempo se convierte, además de en otras cosas, en un modo de vida, y como tal, romper bruscamente es difícil normalmente tanto para el dejado como para “el dejador”. Existen algunas variables que determinarán la dureza del proceso de ruptura de pareja para “el dejador”:
1.- La capacidad para soportar la evaluación negativa del otro. El sentimiento de culpa es difícil de digerir. No es fácil mantener una decisión sabiendo que si uno hace como si no pasara nada, todo podría olvidarse. Basta con decir “vamos a intentarlo de nuevo”, para que los ánimos se calmen. Dependiendo de la capacidad para soportar los sentimientos de culpa por la crítica del otro, así de firme será la decisión. Hay personas que se muestran incapaces de ser tajantes haciendo que no se cierren las opciones de una reconciliación.
2.- Cuanto más variable sea la decisión, más angustia se producirá en ambos. Se agolparán los argumentos a favor y en contra de las dos opciones, intentando sentir una certeza que calme y permita ser consistente a largo plazo. Lo malo viene cuando uno ve que el otro no es ni un ogro ni una persona perfecta, y que por tanto aunque hay aspectos a favor y en contra, no son suficientemente buenos o malos como para que se decida con calma y contundencia.
3.- De nuevo con la culpa de fondo, una variable que marca la dificultad para decidir es en qué condiciones económicas y sociales se queda el dejado. Cuanto más perjudicado quede, más complicada se hará la decisión.
4.- La existencia de hijos en común frenará tremendamente la opción de la ruptura. Si se tienen hijos será más dura la decisión debido a las consecuencias Digamos que se acrecentará la duda como está descrita en el punto 2.
5.- La existencia de otra persona, otro proyecto de pareja que dé seguridad para llevar a término la ruptura. En muchas ocasiones estas relaciones se convierten en puentes hacia otros proyectos posteriores, no es frecuente que duren a largo plazo, pero cumplen una clara función de apoyo.
6.- La aparición de celos y sentimientos de posesión hacia el abandonado al ver que puede perderse definitivamente la posibilidad de seguir, lleva a generar dudas sobre los sentimientos. En ocasiones para dar una nueva opción a la relación, en otras sólo para retrasar el momento de la separación.
Después de todo y tras analizar las vivencias del “dejado” y el “dejador” no es tan fácil catalogar a uno y a otro como el bueno o el malo, si bien es verdad que el que abandona por ser el que toma la decisión suele estar más capacitado para hacer frente el malestar.

Redacción

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Fernando Azor - Psicología

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